Sobre la organización/Carlos Marighella

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En el interior de las organizaciones brasileñas revolucionarias, se oponen dos concepciones acerca del trabajo de masas y las relaciones con el pueblo. Una de ellas es defendida por las organizaciones que parten de las reivindicaciones inmediatas y, de esta forma, pretenden conquistar a las masas para la revolución. Pero la dictadura militar no admite la lucha reivindicativa. Lo prohíben los decretos y las leyes de excepción, y ahí está el ejército para hacer respetar esa prohibición. La dictadura no vacila en disparar sobre los manifestantes en las calles. Las organizaciones que se limitan al trabajo de masas, y utilizan la lucha reivindicativa, queriendo convertirla en lucha política, están reducidas a la impotencia, debido a la superioridad militar del enemigo. La otra concepción es la de aquellas organizaciones que se colocan desde un principio en el terreno de la lucha armada, y que cuentan con una cierta potencia de fuego. Alrededor de ellas, cuyo número va en aumento, la masa se agrupa, construye su unidad, marcha hacia la toma del poder. El movimiento de masas debe tener en cuenta el crecimiento de la lucha armada, puesto que no puede subsistir si no se apoya en una potencia de fuego, suya o de otros grupos revolucionarios. No se nos puede acusar de despreciar el trabajo de masas por seguir esta concepción.

Nosotros ignoramos la separación entre lo militar y lo político, en la guerra revolucionaria brasileña no hay comisarios políticos que orienten a los cuadros militares. Todos los miembros de la organización son necesariamente, al mismo tiempo, dirigentes políticos y cuadros militares. Aquellos que no lleguen a ser lo uno y lo otro, simultáneamente, no llenan las condiciones requeridas. El problema no es distinto si se trata de militantes del frente de masas, o de aquellos del frente logístico. Para seguir el ritmo de desarrollo de la organización, los militantes deben adquirir, tanto conocimientos políticos como militares.

Nunca la estructura orgánica precede a la acción o la revolución. La acción es lo que produce la vanguardia. Algunos miembros piensan que nuestra Organización ya está constituida, perfecta y acabada. Tal pensamiento no es correcto. Nuestra organización se irá edificando a medida que la acción crezca. Los líderes de nuestra organización no puede provenir de elecciones. Los líderes surgen de la acción y de la confianza despertada por su participación personal en las acciones. Todos somos guerrilleros, terroristas y atracadores y no hombres que dependen de los votos de otros revolucionarios o cualquier persona para llevar a cabo el deber de la revolución. El centralismo democrático no se aplica a organizaciones revolucionarias como la nuestra. En nuestra organización se aplica la democracia revolucionaria. Y la democracia revolucionaria es el resultado de la confianza en el papel desempeñado por la acción revolucionaria de los que participan en la acción revolucionaria.

Referencias

http://www.cedema.org/uploads/ALN-1969-11.pdf

https://www.marxists.org/portugues/marighella/1969/08/sobre.htm

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